15 de noviembre – Día de los Ponchos Azules
Argentina ratificó la Convención de Ginebra sobre el estatuto de
los refugiados el 15 de noviembre de 1961. Ese acto marca la voluntad
formal del país de integrarse al marco internacional de protección a las
personas refugiadas.
Los Ponchos Azules es la comunidad solidaria, impulsada por Fundación ACNUR en Argentina, que apoya a las personas que en cualquier lugar del mundo se ven forzadas a huir de sus hogares.
El nombre une dos símbolos potentes: el poncho, abrigo tradicional que representa refugio, cobijo, abrazo y cercanía; y el azul, color que
identifica a las Naciones Unidas y al ACNUR.
El Poncho Azul como emblema transmite la idea de un pueblo que abre los brazos y brinda calor humano a quienes huyen para salvar sus vidas, buscando seguridad para ellos, sus familias, y la posibilidad de rearmar sus vidas.
Más de un millón de personas en Argentina ya se sumaron a los
Ponchos Azules, conformando el movimiento más grande del mundo en favor de las personas que escapan víctimas de la violencia, la guerra y la persecución. Ser Poncho Azul es pertenecer y manifestar una identidad colectiva que expresa orgullo, sentido de pertenencia y compromiso con la solidaridad hacia las personas refugiadas y desplazadas.
Cifras globales
+ 120 millones
de personas desplazadas
+40%
son niños y niñas
Sumarse a los Ponchos Azules, multiplicar y amplificar el mensaje.
Un día, un movimiento, una oportunidad
El 15 de noviembre de 1961 Argentina ratificó la Convención de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados, sumándose formalmente al marco internacional de protección. Fue un acto jurídico, pero sobre todo fue una declaración de principios: frente a un mundo marcado por guerras y persecuciones, Argentina decidió ponerse del lado de quienes más lo necesitaban. No fue un gesto aislado; fue la continuidad de una historia marcada por la migración y la solidaridad, la convicción de que nadie debería quedar desprotegido cuando huye por salvar su vida.
Más de seis décadas después, esa decisión resuena en nuestra sociedad de muchas maneras. Millones de familias argentinas tienen en su memoria la llegada de abuelos y bisabuelos que buscaron aquí un refugio seguro, escapando del hambre, de la guerra o de la persecución en Europa y en otros rincones del mundo. Esa experiencia colectiva nos enseñó a abrir la puerta, a compartir la mesa y a hacer de la diversidad un valor. Es por eso que, cuando una persona se ve forzada a huir hoy, la mayoría de los argentinos resuena con esa historia y responde con empatía. Los estudios internacionales lo confirman: Argentina figura entre los países con mayor nivel de apoyo ciudadano hacia las personas refugiadas.
De esa costumbre y tradición y de esa voluntad nació la comunidad de los Ponchos Azules: más de un millón de personas que desde Argentina ya levantaron su voz para dar su apoyo a quienes debieron dejarlo todo atrás. El poncho es abrigo, es símbolo de cuidado, de abrazo, de unión. Ser Poncho Azul es pertenecer a una comunidad que elige la solidaridad como expresión de orgullo nacional, es pertenecer al movimiento más grande del mundo en favor de quienes debieron escapar víctimas de la guerra, la violencia y la persecución.
Por eso, el 15 de noviembre se convierte en un día para celebrar, recordar y también para construir. Es el Día de los Ponchos Azules, un homenaje a nuestra historia, a nuestra empatía y a nuestra capacidad de compartir y proyectar. Es un día para reconocernos en lo que ya hicimos, pero también para reafirmar lo que queremos seguir siendo: un país que no da la espalda, que extiende la mano y que abraza con un poncho azul a cada persona que busca un lugar seguro donde volver a empezar.
Actualmente, ACNUR solo cuenta con un 17% de financiación (junio), a pesar de que el número de personas obligadas a huir casi se ha duplicado en el mismo período, alcanzando los 123 millones. Ante esta difícil realidad financiera, ACNUR se ve obligado a reducir en casi un tercio la escala total de sus actividades y de su personal.

