Oct 03
El personal del ACNUR da la bienvenida a 83 refugiados y migrantes procedentes de Bangladesh, Burkina Faso, Somalia, Marruecos, Egipto, Libia y Pakistán tras desembarcar en el puerto de Lampedusa por la noche en año 2020 © UNHCR/Alessio Mamo

Una década después del naufragio de Lampedusa, las tragedias tienen que terminar

Declaración conjunta de la Coordinadora de la Red sobre la Migración de la ONU, Amy E. Pope, y el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi.

Cuando un barco atestado con más de 500 mujeres, hombres y niños se hundió frente a la costa de la isla italiana de Lampedusa hace 10 años, el mundo dijo “nunca más”.

Hoy, en el décimo aniversario del naufragio, no hemos cumplido con ese compromiso. En 2023 se ha registrado el primer trimestre más mortífero desde 2017, y a 2 de octubre, se habían contabilizado 2.517 personas fallecidas o desaparecidas en el Mediterráneo Central a lo largo del año.

Rara vez pasa una semana sin que lleguen noticias de tragedias y sucesos dramáticos de todo el mundo, ya sea en el mar o en las rutas terrestres. Se han vuelto alarmantemente habituales. Estas tragedias son evitables y la necesidad de proporcionar una respuesta significativa no puede posponerse más. Salvar vidas no es una opción. Es una obligación legal. Es un imperativo moral.

Instamos a realizar mayores esfuerzos para fortalecer la cooperación en las operaciones de búsqueda y rescate coordinadas; garantizar que las personas migrantes y refugiadas reciban asistencia que les salve la vida; poner fin a la criminalización, obstrucción o disuasión a quienes proporcionan asistencia humanitaria; establecer vías legales y efectivas que satisfagan las necesidades y respeten los derechos humanos de todas las personas involucradas; combatir el tráfico de seres humanos y la explotación; y recopilar información que permita prevenir y resolver los casos de refugiados y migrantes desaparecidos, poniéndola a disposición pública.

En 2018, los Estados Miembros de la ONU adoptaron el Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular y el Pacto Mundial sobre los Refugiados. Estos Pactos nacieron en parte como respuesta a tragedias como la de Lampedusa. Destinados a ser implementados de manera

El Pacto Mundial sobre Migración tiene como objetivo establecer esfuerzos internacionales coordinados para fortalecer la gobernanza de la migración y proteger a las personas migrantes. Simultáneamente, el Pacto Mundial sobre los Refugiados está dedicado a reforzar el reparto de responsabilidades y a facilitar la búsqueda de soluciones en apoyo de las personas refugiadas.

Nuestra responsabilidad como comunidad mundial es ayudar a aquellos que emprenden peligrosos viajes en busca de una vida más segura y digna para ellos y sus familias. Como escribió la poeta somalí-británica Warsan Shire: “Nadie sube a su hijo a un barco a menos que el agua no sea más segura que la tierra”.

Bajo nuestro liderazgo, respectivamente como Directora General de la OIM y Coordinadora de la Red sobre Migración de la ONU, y como Alto Comisionado para los Refugiados, y con el apoyo del sistema de la ONU, habrá un compromiso renovado para actuar.

Hemos hecho progresos, como se pudo ver en el primer Foro de Examen de la Migración Internacional en mayo de 2022, donde los Estados Miembros pidieron mayores esfuerzos en la materia. Podemos, y debemos, convertir estos llamamientos en soluciones. El Secretario General, con nuestro apoyo, desarrollará recomendaciones concretas y factibles en estos temas para la consideración de los Estados Miembros de la ONU el próximo año.

El segundo Foro Mundial sobre los Refugiados, organizado por ACNUR en diciembre, facilitará el anuncio de compromisos concretos y considerará la mejor forma de lograr el reparto de cargas y responsabilidades, al mismo tiempo que instará a mostrar más solidaridad con los refugiados.

Nuestro enfoque será integral y se basará en una comprensión profunda de algunas de las causas fundamentales y de los retos que afrontan las personas migrantes y refugiadas a lo largo de distintas rutas en todo el mundo. Además, será inclusivo, teniendo en cuenta las opiniones, conocimientos y experiencias de nuestros socios: los Estados, los actores humanitarios, la sociedad civil y aquellos más directamente afectados: las personas migrantes y refugiadas y sus familias.

Será responsabilidad de los Estados llevar a cabo su implementación.

Cuando se cumple una década del naufragio de Lampedusa, debemos redoblar nuestros esfuerzos para evitar que tragedias como esta puedan repetirse. La comunidad internacional tiene la capacidad de cambiar las cosas. Ahora debemos demostrar que tenemos la voluntad y el compromiso.

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